El estrés cumple una función vital de impulsarnos a actuar para resolver situaciones y alcanzar metas, pero al mismo tiempo, se vuelve patológico cuando supera nuestra capacidad de respuesta y afecta nuestro bienestar.
Atziri Arroyo Ruiz, académica de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), señaló que últimamente los medios de comunicación señalan que la vida moderna nos mete a un rutina acelerada, pensando constantemente en lo que sigue por hacer.
Ante estos impulsos, el sistema nervioso reacciona por estar en un estado de forma sostenida con múltiples consecuencias negativas que llegan a tener impacto incluso en la salud pública, muchas veces sin que se tome en cuenta de dónde vienen.
«Es importante que comprendamos, que el estrés de inicio no es malo. De hecho, es un mecanismo natural de nuestro sistema nervioso que busca activarnos para darnos el impulso de levantarnos y llevar a cabo nuestras actividades del día», reflexionó.
El estrés se vuelve patológico cuando interfiere la evaluación que cada uno hacemos sobre el bienestar de nuestra vida, no nos permite cumplir con nuestra rutina o interfiere negativamente en nuestras actividades, tiene consecuencias físicas y nos roba demasiado tiempo y atención.

Si el estado de estrés elevado se mantiene más de seis meses se generan implicaciones en la salud porque se segrega una sustancia que se libera en la amígdala cerebral llamada cortisol y se conoce como la hormona del estrés.
Esta hormona su función es poner al sistema nervioso en un estado de alerta, pero en exceso tiene consecuencias como la muerte neuronal que se relaciona con disminución en el rendimiento cognitivo general y la memoria.
La académica invitó a estar atentos a los síntomas y posibles enfermedades que puede generar para que sean atendidas porque puede incluir en los ciclos de hambre y sed y control de peso.
Otras enfermedades podrían ser del aparato digestivo como gastritis, colitis y otras que guardan una conexión directa con los cambios en la actividad del sistema nervioso.
Hay otros casos como diabetes, algunos tipos de cáncer, enfermedades neurológicas y autoinmunes, que quizás no sean causadas por estrés, pero sí son desencadenados por éste, cuando ya contaban con otros factores precursores.
La investigadora dio a conocer que existe una línea de investigación en desarrollo sobre las implicaciones del estrés materno en el desarrollo de los hijos en el vientre que han correlacionado con trastornos del desarrollo en la infancia, diferencias en estructurales y funcionales en las áreas del cerebro que participan en la sociabilidad, en la regulación emocional y en el control de la conducta; esto abre la puerta a la idea de que el estrés excesivo no sólo afecta a quien lo padece sino también a su descendencia y a su entorno.
Arroyo Ruiz es profesora de Psicología de la UAG. Estudió la Maestría en Neuropsicología en la Universitat Oberta de Catalunya. Es experta en temas como neuropsicología, trastornos del aprendizaje y desarrollo del pensamiento lógico matemático.
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