Irapuato, Gto.- .En el corazón de Irapuato late un símbolo que ha sido testigo de alegrías, derrotas, lágrimas y sueños: el estadio Sergio León Chávez.
Un recinto que no sólo representa a un equipo, sino que guarda la memoria colectiva de miles de aficionados que han dejado ahí su voz, su aliento y su historia. Pero hoy, ese mismo estadio enfrenta una amenaza que podría arrebatárselo a su gente: la ambición de un particular.
Desde 2023, Selomith Ramírez, vinculado a la empresa Healthy People, ha mantenido la posesión del estadio bajo circunstancias, que recuerdan peligrosamente al oscuro caso del estadio de León, donde un grupo de particulares se apoderó del inmueble, despojando a la ciudad de su casa futbolera.
¿Cómo sucedió?
Según documentos oficiales y testimonios de actores cercanos al caso, Healthy People asumió la administración del estadio sin haber cubierto requisitos básicos como el pago de derechos de agua, predial o siquiera el mantenimiento del inmueble.
El Ayuntamiento no puede permitir esta ocupación sin transparencia, mientras las deudas y el deterioro se acumulan. La situación se torna aún más preocupante al revisar el historial de la empresa.
Existen denuncias públicas de abusos cometidos por Healthy People y Selomith Ramírez, entre ellas, el despojo de terrenos ejidales a campesinos sin pago de por medio; lo que ha sido una práctica habitual en Healthty People ha encendido las alertas sobre su modus operandi: apropiarse de espacios bajo promesas que no se cumplen.
Manipulación disfrazada de fútbol
Ramírez ha sabido explotar emocionalmente a un sector de la afición, presentándose como un “salvador” del fútbol en Irapuato. Ha capitalizado la sed de fútbol de la afición para conseguir simpatías, mientras por detrás mantiene prácticas empresariales dudosas, sin rendir cuentas a la ciudadanía ni comprometerse legalmente con el patrimonio público que hoy usufructúa.

Muchos aficionados, de buena fe, han sido usados como escudo mediático para legitimar una ocupación que ni es legal ni es justa, y mucho menos transparente. El amor al equipo está siendo utilizado como una moneda de cambio.
El gobierno de Irapuato tiene la obligación moral y legal de defender el estadio Sergio León Chávez porque no se trata sólo de concreto y pasto, se trata de una identidad colectiva, de generaciones enteras que han crecido en esas gradas, de un bien público que no debe caer en manos privadas sin beneficio para la ciudad.
El riesgo es real. Lo que ocurrió en León debe servir como una advertencia: si hoy no defendemos nuestro estadio, mañana podría ser demasiado tarde.
*Columna invitada de Gerardo Gutiérrez.
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