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Depende democracia de participación ciudadana.-Innerarity

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El filósofo y el ensayista español, Daniel Innerarity, señaló que la supervivencia de la democracia tiene que ver con la participación y decisiones que tome la ciudadanía.

En su participación en la Cátedra Latinoamericana «Julio Cortázar», donde ofreció la conferencia magistral “El futuro de la democracia”, el español de origen vasco aseveró que la democracia no tiene un destino prescrito ni un futuro que se pueda adivinar mediante algoritmos.

“Hablar del futuro de la democracia es hablar de algo que no existe porque lo que define a la democracia es que pone el futuro en nuestras manos y los seres humanos somos en buena medida impredecibles, con lo cual: ¿qué va a pasar con la democracia? La respuesta es muy fácil: dependerá de lo que nosotros hagamos”, aseguró.

Durante la charla, que tuvo como escenario la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara, el autor señaló que la democracia se mantendrá viable si supera las amenazas contemporáneas que buscan regímenes más autoritarios.

“La democracia del futuro será algo distinta de la democracia actual, porque si fuera la misma, la democracia no tendría ningún futuro. Sobrevivirá si consigue asegurar su viabilidad en medio de las amenazas y desafíos que se le plantean ahora y que se le plantearán en el futuro”, sentenció.

Innerarity argumentó que la sociedad contemporánea tiende a caer en la trampa de buscar culpables con nombre y apellido para explicar las crisis que atraviesan el mundo o a como la desigualdad, la desinformación o el impacto de la inteligencia artificial.

“Los seres humanos tenemos una tendencia a buscar causas personales para explicar los problemas sociales y nos sentimos más reconfortados con las explicaciones que remiten nuestros problemas a la intención de unos malvados.

“Si hemos encontrado un malvado ya nos sentimos mucho más tranquilos que apelando a una interacción fatal o a las dificultades estructurales. Encontremos un malo y eso es lo más explicativo de todo, ¿no?, la identificación de un culpable, que en muchas ocasiones existe, por supuesto, alivia más que la explicación por la irresponsabilidad colectiva”, indicó.

Afirmó que en una democracia bien constituida siempre tiene que haber un perdedor y es bueno que así ocurra. 

“La condición del homo democraticus es la decepción. Vivimos en democracias decepcionantes por su propia naturaleza y además es bueno que así sea. Esta decepción se compensa por el hecho de que, en una democracia bien constituida, no hay nadie que se salga completamente con la suya. El éxito de una democracia consiste en repartir esa decepción, que todos estemos más o menos igualmente decepcionados”, afirmó.

Habló de los peligros de que la política sea presentada sólo como lugares en donde prevalece la corrupción y el abuso de poder, pues crea en el imaginario colectivo un rechazo hacia ésta.

“Al convertirnos en simples espectadores o víctimas, desactivamos la potencia inscrita en la indignación y nos entregamos al fatalismo autoritario, cosa de la cual ellos están encantados. La primera lección del activismo democrático es saber que uno de los mecanismos de los poderosos es hacernos creer que pueden más de lo que pueden”, señaló.

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